Artistas

 

 

Marta Lucía Vélez

En Colombia la primera exhibición pública de videoarte realizado por colombianos se llevo a cabo en 1978, en el IV salón Atenas, Museo de Arte Moderno, de Bogotá. Se trataba de  In-pulso, video instalación de Sandra Isabel Llano y Autorretrato, videoarte de Rodrigo Castaño. Gilles Charalambos, referencia importante de la historia y la actualidad del videoarte en Colombia, nos cuenta de manera elocuente y precisa la historia de esta forma de arte en nuestro país, en su página web Historia del Videoarte en Colombia http://www.bitio.net/vac. (Este link lo puede encontrar en esta página). Charalambos, en su página, describe las obras de Castaño y Llano así: "Autorretrato era un videoarte realizado con equipo profesional de televisión, donde un cierto interés pictográfico abstraccionista, obtenido por colorizaciones, creaba sugestivas impresiones electrónicas. La obra de Sandra Isabel Llano se había desarrollado, principalmente, en México y Estados Unidos, por lo cual, gozaba de un cierto avance conceptual y formal, en relación con las entonces rezagadas condiciones del arte en Colombia. In-pulso consistía, básicamente, en la acción de registro de sus propios electrocardiogramas; “verdadero análisis de la fisiología y sicología de la artista, la solución visual de esta obra remitía al arte corporal por una parte y a un particular proceso autobiográfico por otro, que hacían del suyo uno de los trabajos más singulares del nuevo arte nacional”.

También en los setenta Raúl Marroquín, Jonier Marín y Michel Cardená, artistas colombianos que emigraron del país, ya estaban produciendo obras en video,  con equipos tecnológicos más sofisticados de los que se podía disponer en Colombia en aquel periodo. Aparte de algunos videos de Marroquín la obra de estos artistas no ha sido exhibida en el país.

Las primeras cámaras portátiles de video que llegaron a Colombia, comenzaron a ser utilizadas por realizadores independientes a comienzos de los setenta. Estas cámaras en su gran mayoría pertenecían a agencias de publicidad o a canales de televisión. En Bogotá, por ejemplo, Rodrigo Castaño pudo experimentar con este tipo de cámaras gracias a que sus padres estaban vinculados a la televisión. Castaño realizó 5 videoartes: “Flamenco”, el Sermón”, “Autorretrato”, Apocalipsis” y “Lectura de Luz”, posteriormente se dedicó a la televisión y al cine, (Algunos de estos videos se puede ver en esta página).

En Cali, en 1972, Luís Ospina y Carlos Mayolo tuvieron acceso a una cámara portapac, de propiedad de una agencia de publicidad. Ellos la utilizaron como asistente para grabar en video los ensayos y las improvisaciones del falso documental, “Agarrando Pueblo”, esto con el fin de optimizar el uso de los rollos de película. Ospina y Mayolo (este último recientemente fallecido) se inclinaron siempre por la ficción y el documental, aunque en la producción reciente de Ospina se nota una mayor experimentación narrativa y estética con los recursos expresivos del video y el digital. Ospina en su texto para el catálogo del festival “Experimenta Colombia 2005” (este catalogo se puede consultar en esta página) se refiere a la aparición del video como la resurrección. “Mi primer encuentro con el video fue en 1972 cuando hicimos una travesura con mi amigo Carlos Mayolo. [….] En cuanto pensé que el cine había muerto, por lo menos para mí, el video fue la resurrección. No hay mal que por bien no venga. Paradójicamente el video, y no el cine, se me presentó como una revelación. Ya no era un asunto de tener la fe del cineasta, que como bien sabemos los que tuvimos una educación religiosa reza: "Fe es creer en lo que no se ha revelado". Se trataba, pues, de creer (y crear) en un nuevo cisma electrónico, sin película virgen, sin bolsa negra, sin cuarto oscuro. Un paso de la alquimia a la electrónica. El video, con sus equipos livianos y sus bajos costos, se me convirtió en algo así como el cine sin dolor. El video vino, vio y venció”. 

Por su parte, Gilles Charalambos, también en Bogotá, en 1974, recibió de su padre una cámara Sony, modelo 1971, blanco y negro; un modelo posterior a la Portapac, con la cual pudo realizar sus primeras experiencias estéticas en video. Pero en realidad el primer videoarte de Charalambos, que fue exhibido públicamente, lo realizó en 1976, “Distorsión, intermitencia y otra cosa en esta información”, con una cámara portátil a color que le prestó Augusto Bernal (Sociólogo, director de la Academia de Cine Black María). Esta obra fue grabada en caliente, es decir, el resultado final corresponde a los registros directos realizados con la cámara, sin edición. El trabajo fue presentado se en el Museo de Arte Moderno, de Bogotá, en 1976. (Este video se puede ver en esta página).

En Medellín el video independiente llega relativamente tarde. En 1983 se crearon dos productoras independientes “Iris Producciones” y “Tiempos Modernos” (esta última dirigida por el director de cine Víctor Gaviria), dedicadas exclusivamente a la producción de videos institucionales y documentales por encargo. Estas productoras fueron creadas con fines empresariales justo en el momento del surgimiento del primer canal regional del país “Teleantioquia” institución que subcontrataba sus servicios para alimentar la programación del canal. Fue apenas en 1988 que la artista antioqueña Ana Claudia Múnera utilizó el video con fines artísticos.

Ya en 1985 la Fundación para las Artes Avanzadas – ARTER, de Bogotá, organizó “La Primera Muestra de Videoarte Colombiano”  con obras de nueve artistas. En el marco de este evento se exhibió por primera vez una obra de José Alejandro Restrepo. Se trataba de “Videos Monocanal” una serie de videos, de corta duración, en blanco y negro, grabados en tiempo real con cámara fija y sin edición final. Pequeños performances muy íntimos: “La Cuadratura del Círculo”, “Staccto” y “La Paradoja de Zenon”. Para este trabajo Restrepo utilizó una cámara portátil AKAI, de media pulgada, de uso casero. En esta muestra también se presentaron “Apocalipsis” y “El Sermón”, de Rodrigo Castaño; “Continuidad de los Parques”, de Jorge Perea y Augusto Bernal; unos ensayos sobre la figura de Bolívar del artista plástico David Mazuera;  “Videopirateos” crítica sobre la T.V. de Karl Troller y Carlos Buitrago; una instalación con trece televisores, “Videotez”, de Ricardo Restrepo y “Azar Byte Memory Sens”, “En el Estilo de...” y “No Entiendo ni ...”; de Edgar Acevedo y Gilles Charalambos. Aparte de José Alejandro, Charalambos y Acevedo el resto de estos realizadores abandonaron rápidamente esta forma de producción artística y se dedicaron al cine, la televisión, el documental y las artes plásticas. 

Pero en realidad la primera generación de artistas colombianos que se dedicó de manera sistemática a realizar obras de arte en video surge apenas en la segunda mitad de la década de los ochenta. Artistas con una producción más elocuente, en algunos casos con matices y temas propios de nuestra cultura y, en otros, composiciones gráficas a partir de los dispositivos electrónicos. Entre los más destacados de aquel periodo están José Alejandro Restrepo, Gilles Charalambos, Ana Claudia Múnera, Oamira Abadia. Estos pioneros del videoarte en Colombia se enfrentaron a la dificultad del acceso a los equipos más sofisticados de la época, tampoco contaban con la formación en el dominio de los mismos y fueron ellos mismos quienes produjeron y financiaron las obras en su totalidad. A pesar de todas las dificultades estos artistas han realizado desde entonces una obra en video y otros medios que ha merecido el reconocimiento nacional e internacional.

Es también en la segunda mitad de los ochenta que las galerías y los salones nacionales de artes comienzan a abrir tímidamente sus puertas a esta nueva forma de arte y al mismo tiempo algunos autores consiguen exponer sus obras en el exterior. Pero la producción artística realizada con dispositivos electrónicos solo logrará posesionarse en el panorama nacional de las artes a comienzos de los años noventa.

En 1992 se crea el Festival Franco Latinoamericano de Videoarte, espacio en donde se propició, por un lado, una exhibición periódica de videoarte con selecciones de las últimas producciones de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay,  Colombia y Francia y, por otro, un enriquecedor encuentro entre el público, artistas y académicos latinoamericanos, acompañados por delegados franceses que nos visitaban cada año. Este festival fue sin duda un campo fértil para la gestación de nuevos trabajos por parte de una naciente camada de jóvenes creadores pues tenían la posibilidad de exhibir sus videos cada año y además la oportunidad de compartir con artistas de gran trayectoria,  provenientes de países con más desarrollo en este campo, lo que nutrió considerablemente la calidad de las obras colombianas. Hay que reconocer también que la selección de videos colombianos era algo dispareja pues se presentaban videos de artistas con mayor trayectoria frente a trabajos de estudiantes realizados para la clase. No obstante, entre estos jóvenes se revelaron nuevos talentos como Andrés Burbano, Santiago Echeverry, Álvaro Moreno Hoffman, Miguel Urrutia, quienes continúan en la práctica artística hasta hoy. También Harold Trompetero y Jorge Navas, hicieron allí sus primeros pinitos en video para convertirse posteriormente en reconocidos directores de cine, en Colombia.

Como caso inusual la primera exhibición de un videoarte de Francois Bucher fue por el canal de televisión pública “Señal Colombia”, en 1999. La Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, le financió, a este artista caleño, la realización del videoarte, “Twin Murders”, una de las exigencias del ministerio frente a las obras que financiaba o que premiaba, en esa época, era que estas fueran emitidas por el canal de televisión pública “Señal Colombia”. Luego de la emisión televisiva esta obra fue seleccionada para el evento de televisión INPUT - 2000, que se realizó en Halifax, Canadá. Los jurados escogieron este trabajo por considerar que era de valor discutir en las salas del evento la importancia de emitir videoarte por televisión. Francois Bucher es hoy en día un reconocido artista en los circuitos internacionales.

Ya al final de la década de los noventa otros artistas, que vienen de la plástica y de la fotografía, comienzan a utilizar los recursos expresivos del video y de otros soportes electrónicos para sus propuestas artísticas, como es el caso de Oscar Muñoz y Miguel Ángel Rojas. Aunque la imagen en movimiento en la obra de Muñoz no viene siempre del video sino también de procesos químicos, el video ha sido pieza clave para profundizar en sus temas recurrentes como la desaparición, lo efímero, la desintegración y la muerte.

 
 

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